
Lo decía un filósofo chino, más concretamente, Confuncio: “Cada cosa tiene su belleza pero no todos pueden verla”. Esta afirmación es cierta pero, a mi juicio, le falta un matíz; si uno no se encuentra en el lugar apropiado no podrá apreciar nunca la belleza.
La belleza reside en mirar a través de lo que otro ve. Y los maestros en este arte son tanto los que viven como los que ya no están con nosotros. Picasso, Miró, Gaya… artistas modernistas que como otros muchos más plantean recorridos por momentos trascendentales que surgieron en el plano artístico con la llegada de la modernidad a finales del siglo XIX. Qué mejor manera de admirar esta corriente artística que hacerlo en un edificio de principios del siglo XX, el Palacio de Aguirre. Una visita que se hace amena por el colorido de los cuadros, las extrañas y novedosas composiciones artísticas y por la originalidad de la casa en la que se encuentran.
Rocío González
La belleza reside en mirar a través de lo que otro ve. Y los maestros en este arte son tanto los que viven como los que ya no están con nosotros. Picasso, Miró, Gaya… artistas modernistas que como otros muchos más plantean recorridos por momentos trascendentales que surgieron en el plano artístico con la llegada de la modernidad a finales del siglo XIX. Qué mejor manera de admirar esta corriente artística que hacerlo en un edificio de principios del siglo XX, el Palacio de Aguirre. Una visita que se hace amena por el colorido de los cuadros, las extrañas y novedosas composiciones artísticas y por la originalidad de la casa en la que se encuentran.
Rocío González



















